- Actualizado: octubre 3, 2026
Lectura rápida: qué funciona y qué es mito según la ciencia
La lectura rápida promete algo irresistible: terminar en una tarde el libro que llevas meses postergando, sin perder ni una idea. La ciencia de la lectura tiene una respuesta más matizada, y también más útil. Sí puedes leer mejor y avanzar más rápido, pero no de la forma en que lo prometen muchos métodos. En esta guía separamos lo que funciona de lo que es mito, con los estudios en la mano 📚
Respuesta corta: la lectura rápida funciona para hojear y localizar información, pero la evidencia muestra que hay un intercambio entre velocidad y comprensión: es poco probable duplicar o triplicar tu velocidad y entender igual. Lo que sí ayuda es leer con un propósito, ajustar el ritmo al texto, practicar a diario, ampliar tu vocabulario y medir tu comprensión, no solo tus palabras por minuto.
Vas a encontrar qué dice la revisión científica más completa sobre el tema, cuántas palabras por minuto lee realmente un adulto, una tabla de mitos y realidades, cuatro técnicas con respaldo y un plan práctico de dos semanas para comprobar tu progreso con datos propios.
¿Quieres leer más rápido sin sacrificar lo que entiendes, con práctica guiada y a tu ritmo?
Qué es la lectura rápida (y qué promete)
Se llama lectura rápida o lectura veloz al conjunto de técnicas que buscan aumentar la cantidad de palabras que lees por minuto. La idea no es nueva: según la revisión que analizamos más abajo, el concepto despierta interés desde hace décadas, al menos desde que Evelyn Wood presentó su programa de entrenamiento Reading Dynamics en 1959. En los últimos años volvió a ponerse de moda con aplicaciones para el móvil que muestran el texto de formas nuevas.
Bajo ese nombre conviven cosas muy distintas, y conviene separarlas desde el principio:
- Hojear (skimming): recorrer un texto rápido para captar la idea general.
- Explorar (scanning): buscar un dato concreto, como una fecha, un nombre o una cifra.
- Leer con comprensión plena: entender el argumento completo, recordarlo y poder explicarlo.
Las dos primeras pueden hacerse muy rápido y son habilidades valiosas. El problema aparece cuando se promete la velocidad de la primera con la comprensión de la tercera. Ahí es donde la investigación pone límites claros.
¿A qué velocidad lees? Lo que dicen los datos
Antes de intentar acelerar conviene saber desde dónde partes. Muchas webs repiten cifras sin fuente, así que vamos a las que tienen respaldo.
El psicólogo Marc Brysbaert, de la Universidad de Gante, publicó en 2019 en el Journal of Memory and Language una revisión y metaanálisis sobre la velocidad lectora. Tras analizar 190 estudios con 18.573 participantes, estimó que un adulto lee en silencio, en inglés, a una media de 238 palabras por minuto en textos de no ficción y 260 en ficción. La diferencia se explica en buena parte porque la no ficción usa palabras más largas. Para la lectura en voz alta, la media fue de 183 palabras por minuto.
Dos detalles del estudio son especialmente útiles para ti:
- Hay un rango normal amplio. En no ficción, la mayoría de los adultos está entre 175 y 300 palabras por minuto; en ficción, entre 200 y 320. Si lees a 210, no tienes ningún problema: estás dentro de lo habitual.
- Las cifras populares suelen estar infladas. El propio autor señala que sus estimaciones son más bajas que los números que se citan a menudo en textos científicos y de divulgación.
Un apunte importante: esas cifras son para el inglés. El estudio indica que la velocidad en otros idiomas se puede predecir razonablemente según cuántas palabras necesita cada idioma para transmitir el mismo mensaje. Por eso, en español, lo más honesto es que midas tu propia velocidad y la compares contigo mismo a lo largo del tiempo, no con una cifra de internet.
Qué dice la ciencia: el informe de Rayner y colaboradores (2016)
El caso de estudio más citado sobre lectura rápida es un informe publicado en enero de 2016 en la revista Psychological Science in the Public Interest, de la Association for Psychological Science (APS). Se titula So Much to Read, So Little Time: How Do We Read, and Can Speed Reading Help? («Tanto por leer y tan poco tiempo: ¿cómo leemos y puede ayudar la lectura rápida?») y lo firman Keith Rayner, Elizabeth R. Schotter, Michael E. J. Masson, Mary C. Potter y Rebecca Treiman.
No es un experimento aislado, sino una revisión de lo que la comunidad científica sabe sobre el proceso de lectura y de sus implicaciones para quien piensa tomar un curso de lectura rápida o comprar una aplicación. Estas son sus conclusiones principales, tal como aparecen en el resumen del artículo:
- Hay un intercambio entre velocidad y precisión. Cuanto menos tiempo dedicas al texto, menos lo entiendes.
- Es poco probable duplicar o triplicar la velocidad (por ejemplo, pasar de unas 250 a 500 o 750 palabras por minuto) y seguir entendiendo el texto igual que a velocidad normal.
- Si no necesitas una comprensión profunda, leer rápido u hojear te permite avanzar más deprisa con una comprensión moderada.
- La forma de mantener una comprensión alta y avanzar más rápido es practicar la lectura y convertirte en un usuario más hábil del lenguaje, por ejemplo, ampliando tu vocabulario. Según los autores, la habilidad lingüística está en el corazón de la velocidad lectora.
En el comunicado de prensa de la APS, la coautora Elizabeth Schotter lo resumió así: a medida que los lectores dedican menos tiempo al material, necesariamente lo entienden peor. El mismo comunicado aporta otros datos que ayudan a entender por qué:
- Los lectores hábiles ya leen a entre 200 y 400 palabras por minuto.
- Los movimientos de los ojos ocupan solo alrededor del 10 % del tiempo de lectura. El cuello de botella no es la vista, sino la capacidad de reconocer palabras y procesar cómo se combinan para formar oraciones con sentido.
- Cuando se pone a prueba a personas que dicen leer a gran velocidad, a menudo ya conocían bien el tema del texto; sin esa familiaridad previa, su comprensión empeora.
La conclusión de Schotter fue directa: no hay un atajo rápido. Pero el informe no se queda en el «no»: también señala qué sí funciona, y eso es lo que aprovecharemos en las secciones siguientes.
Mitos y realidades de la lectura rápida
Con la evidencia sobre la mesa, revisemos las promesas más frecuentes. La tabla resume qué dice la investigación sobre cada una:
| Afirmación frecuente | ¿Mito o realidad? | Qué dice la evidencia |
|---|---|---|
| «Puedes triplicar tu velocidad sin perder comprensión» | Mito | Rayner et al. (2016) consideran poco probable duplicar o triplicar la velocidad entendiendo igual: hay un intercambio entre velocidad y precisión. |
| «Con la visión periférica puedes leer una página entera de un vistazo» | Mito | La zona de visión nítida es pequeña; la APS explica que lo que se percibe con la visión periférica se ve borroso y desenfocado. |
| «Lo que te frena es mover los ojos» | Mito | Los movimientos oculares ocupan alrededor del 10 % del tiempo de lectura. El límite está en procesar el lenguaje. |
| «Nunca vuelvas atrás en el texto» | Mito | Las relecturas forman parte natural de la lectura; impedirlas empeoró la comprensión en un experimento de 2014. |
| «Hojear sirve para hacerte una idea general» | Realidad | Si no necesitas comprensión profunda, hojear te permite avanzar más rápido con comprensión moderada. |
| «Practicar y ampliar vocabulario te hace leer más rápido» | Realidad | Es la vía que recomiendan los autores para avanzar más rápido manteniendo una comprensión alta. |
| «Ser consciente de cómo lees puede acelerarte» | Realidad, con matices | Un estudio de 2023 encontró mejoras de velocidad sin pérdida de comprensión, menores que las anunciadas y atribuidas a mayor conciencia del propio proceso lector. |

El mito de «no volver atrás»: un experimento revelador
Muchas aplicaciones de lectura rápida usan la presentación visual serial rápida (RSVP, por sus siglas en inglés): muestran las palabras de una en una en el centro de la pantalla para que no tengas que mover los ojos. Suena lógico, pero tiene un costo.
En 2014, Elizabeth Schotter, Randy Tran y Keith Rayner publicaron en Psychological Science un experimento titulado Don’t Believe What You Read (Only Once). Según el comunicado de la APS, cuarenta estudiantes universitarios leyeron oraciones en pantalla; en una de las condiciones, cada palabra quedaba tapada en cuanto los ojos pasaban de largo, de modo que era imposible releer. Ese montaje recreaba lo que ocurre con la RSVP.
El resultado: no poder volver atrás afectó negativamente a la comprensión, y el efecto no se limitó a las oraciones ambiguas. Los autores concluyeron que las regresiones (las pequeñas vueltas atrás de la mirada, que según la APS ocurren en torno al 10-15 % de las veces durante la lectura normal) ayudan a entender lo que lees. Moraleja práctica: releer una frase difícil no es un defecto que haya que eliminar, es parte de cómo funciona la comprensión.
La subvocalización: más matiz que enemigo
La subvocalización es esa «voz interior» que pronuncia mentalmente las palabras mientras lees. Muchos métodos la presentan como el gran freno de la lectura. Lo que dice la evidencia es más prudente: como el límite de la velocidad está en procesar el lenguaje y no en la vista, ninguna técnica ha demostrado que quitar esa voz te permita duplicar la velocidad entendiendo lo mismo. La forma sensata de trabajarla es gestionarla, no pelear contra ella: en textos fáciles puedes notar si te detienes en cada palabra por pura costumbre y dejar que el ritmo fluya; en textos densos, darle espacio a esa voz te ayuda a sostener la idea mientras avanzas.
Cómo leer más rápido: 4 técnicas que sí tienen respaldo
Si la vista no es el cuello de botella, la pregunta cambia. Ya no es «¿cómo muevo los ojos más rápido?», sino «¿cómo proceso mejor el texto y pierdo menos tiempo?». Estas cuatro técnicas apuntan justo ahí.

1. Lee con un propósito y ajusta la velocidad al objetivo
No todos los textos merecen la misma atención. Antes de empezar, pregúntate: ¿qué necesito sacar de aquí? Si buscas un dato, explora; si quieres la idea general, hojea; si vas a aplicar o explicar lo que lees, lee completo y a tu ritmo. Esto encaja con lo que concluye el informe de 2016: hojear funciona cuando no necesitas comprensión profunda.
Una forma práctica de hacerlo en un informe o un capítulo:
- Lee el título, los subtítulos, la introducción y la conclusión.
- Mira tablas, gráficos y palabras destacadas.
- Decide qué secciones lees completas y cuáles solo recorres.
Con frecuencia la mayor ganancia de tiempo no viene de leer más rápido, sino de no leer a fondo lo que no lo necesita.
2. Practica a diario y amplía tu vocabulario
Es la recomendación central de Rayner y su equipo: leer más y convertirte en un usuario más hábil del lenguaje. La APS lo explica así: la exposición a textos variados aumenta tu familiaridad con las palabras y el contexto, lo que te permite anticipar lo que viene e inferir el significado de expresiones desconocidas. Su resumen del informe añade que con la práctica de siempre son posibles mejoras modestas de velocidad.
Esto explica algo que seguramente has vivido: lees mucho más rápido sobre temas que conoces bien. No es que tus ojos cambien; es que reconoces el vocabulario y las ideas al instante. Por eso leer con regularidad sobre tu área profesional es una de las mejores inversiones de tiempo. Lo mismo ocurre al estudiar un idioma: cuanto más vocabulario dominas, más fluida es la lectura, como contamos en nuestra guía para aprender inglés rápido.
3. Lee con conciencia de tu propio proceso
Aquí hay un hallazgo reciente e interesante. En 2023, Marina Klimovich, Simon P. Tiffin-Richards y Tobias Richter publicaron en el Journal of Research in Reading un estudio con 30 estudiantes universitarios de habla alemana. Midieron su velocidad, su comprensión y sus movimientos oculares antes y después de tres condiciones: un entrenamiento comercial de lectura rápida basado en una aplicación, un entrenamiento metacognitivo (aprender a observar y regular cómo lees) o ningún entrenamiento.
Los resultados:
- Los dos grupos entrenados leyeron más rápido que el grupo de control, aunque no en la medida que prometía la aplicación.
- No hubo diferencias de comprensión entre las tres condiciones.
- Los autores interpretan que la mejora no se debió a un cambio en las características básicas de la lectura, sino a una mayor conciencia del propio proceso lector.
Los propios investigadores advierten que hace falta más investigación para saber si el efecto se mantiene con el tiempo. Aun así, la lección es aprovechable: darte cuenta de cuándo te distraes, cuándo relees por inercia y cuándo podrías avanzar ya te ayuda a leer con más eficiencia. Un guía visual, como el dedo o un bolígrafo bajo la línea, no amplía tu visión, pero puede servirte como herramienta para sostener un ritmo constante y notar en qué momento se te va la atención. Pruébalo y compruébalo con tu propia medición.
4. Recuerda en lugar de releer
Mucha gente «lee lento» porque relee capítulos enteros para no olvidarlos. La investigación sobre memoria ofrece una alternativa más eficiente. En 2006, Henry L. Roediger y Jeffrey D. Karpicke publicaron en Psychological Science dos experimentos en los que estudiantes leían textos y luego, o bien los volvían a estudiar, o bien hacían pruebas de recuerdo libre, sin mirar el texto.
Cuando el examen final fue a los cinco minutos, releer funcionó mejor. Pero en las pruebas a los dos días y a la semana, quienes habían practicado recordar retuvieron sustancialmente más, pese a que releer aumentaba la confianza de los estudiantes en que recordarían el material. Es el llamado efecto de la práctica de recuperación.
Aplicado a la lectura: al terminar una sección, cierra el libro y escribe en tres líneas qué recuerdas. Te llevará un minuto y te ahorrará muchas relecturas. Si quieres profundizar en esta técnica, es uno de los ejes del curso Memoria sin Tercerizar el Cerebro.
Skimming y scanning: cuándo conviene leer rápido de verdad
Leer rápido no es malo; lo que no funciona es usarlo para todo. Estas son situaciones en las que hojear o explorar es la decisión correcta:
- Clasificar documentos: decidir qué correos, informes o artículos merecen tu atención completa.
- Buscar un dato concreto: una cifra en un informe, una cláusula en un contrato, una fecha en un artículo.
- Repasar algo que ya conoces: cuando el tema te es familiar, puedes avanzar más rápido con menos pérdida.
- Explorar antes de leer a fondo: una pasada rápida te da el mapa del texto y mejora la lectura posterior.
Y estas son las situaciones en las que conviene bajar el ritmo:
- Contratos, instrucciones médicas o legales y cualquier texto con consecuencias importantes.
- Material de estudio que necesitarás recordar o aplicar.
- Textos técnicos en un tema nuevo para ti, donde aún no dominas el vocabulario.
- Literatura que lees por placer: aquí la velocidad no es el objetivo.
La habilidad real no es leer siempre rápido, sino elegir bien la velocidad según el texto y el objetivo.
Cómo medir tu velocidad de lectura (y tu comprensión)
Si no mides, no sabrás si mejoras. Y si solo mides la velocidad, puedes engañarte: leer más rápido entendiendo menos no es progreso. Este es un método sencillo:
- Elige un texto de dificultad media de un tipo que leas habitualmente (un artículo de divulgación, por ejemplo).
- Cronometra tres minutos de lectura normal, sin forzar.
- Cuenta las palabras leídas: cuenta las palabras de tres líneas, calcula el promedio por línea y multiplícalo por las líneas que leíste.
- Divide entre tres para obtener tus palabras por minuto.
- Comprueba la comprensión: sin mirar el texto, escribe las tres ideas principales. Luego revisa cuántas acertaste.
Anota siempre las dos cifras juntas: velocidad y comprensión. Una forma simple de registrarlo es «230 ppm · 3/3 ideas». Si un día subes a 300 ppm pero solo recuerdas una idea, ese aumento no te sirve.
Plan práctico de 2 semanas para leer mejor y más rápido
Este plan combina las cuatro técnicas en sesiones de 15 a 20 minutos. No promete una cifra concreta, porque nadie puede prometerla con honestidad; lo que sí te da es un sistema para mejorar y comprobarlo con tus propios datos.
| Día | Práctica | Qué registras |
|---|---|---|
| Día 1 | Mide tu punto de partida con el método de tres minutos en dos textos distintos. | Palabras por minuto y comprensión (ideas recordadas). |
| Día 2 | Antes de leer un artículo, define tu objetivo: dato, idea general o comprensión completa. | Qué objetivo elegiste y cuánto tiempo te llevó. |
| Día 3 | Haz una prelectura (títulos, introducción, conclusión) de un capítulo antes de leerlo. | Qué secciones decidiste leer a fondo. |
| Día 4 | Practica la exploración: busca tres datos concretos en un informe largo. | Tiempo para encontrar cada dato. |
| Día 5 | Lee 20 minutos sobre tu área profesional y anota las palabras que no conocías. | Lista de vocabulario nuevo. |
| Día 6 | Lee con un guía visual (dedo o bolígrafo) y observa en qué momentos se te va la atención. | Cuántas veces te distrajiste y por qué. |
| Día 7 | Repaso: al final de cada sección, escribe tres líneas de memoria. | Ideas recordadas sin mirar. |
| Día 8 | Repite la medición del día 1 con textos nuevos de dificultad parecida. | Comparación con tu punto de partida. |
| Día 9 | Lee un texto de un tema que no dominas y nota cómo cambia tu velocidad. | Velocidad en tema conocido frente a tema nuevo. |
| Día 10 | Sesión sin interrupciones: móvil en otra habitación y 25 minutos de lectura continua. | Páginas leídas y nivel de concentración (1 a 5). |
| Día 11 | Hojea cinco artículos y elige solo uno para leer completo. | Por qué elegiste ese. |
| Día 12 | Repasa tu lista de vocabulario y lee un texto donde aparezcan esas palabras. | Palabras que ya reconoces sin esfuerzo. |
| Día 13 | Lee un capítulo completo combinando prelectura, lectura y recuerdo al final. | Ideas recordadas al día siguiente. |
| Día 14 | Medición final y revisión de tu registro de las dos semanas. | Velocidad, comprensión y qué técnica te sirvió más. |
Al terminar, mira tus datos con honestidad. Lo más habitual es descubrir que la mayor mejora llegó por leer con un objetivo claro y con menos interrupciones, más que por «acelerar los ojos».
Leer en pantallas, con notificaciones y con IA
Gran parte de lo que leemos hoy llega por el móvil o el ordenador, rodeado de notificaciones. Si cada pocos minutos cambias de pestaña o miras el teléfono, ninguna técnica de lectura compensará esa fragmentación. A veces la forma más eficaz de «leer más rápido» es simplemente leer sin interrupciones. Si notas que te cuesta, te pueden servir nuestras guías sobre la técnica Pomodoro y sobre cómo reducir el uso del celular.
La inteligencia artificial añade una tentación nueva: pedir un resumen en lugar de leer. Es una herramienta útil para clasificar documentos o decidir qué leer a fondo, igual que hojear. Pero un resumen no sustituye a la lectura cuando necesitas comprender, recordar o aplicar algo. Además, puede omitir matices o contener errores, así que conviene contrastarlo con el texto original. Una forma equilibrada de usarla:
- Usa la IA para hacerte un mapa previo del texto y luego léelo tú.
- Después de leer, escribe tu propio resumen y compáralo con el de la herramienta.
- Verifica en el original cualquier cifra o cita que vayas a usar.
Leer con atención también depende de cómo estás: descanso, actividad física y equilibrio influyen en tu capacidad de aprender, como explicamos en mente y cuerpo: por qué una vida equilibrada mejora tu capacidad de aprender.
Errores comunes al intentar leer más rápido
- Medir solo la velocidad. Si no compruebas qué recuerdas, no sabes si mejoraste o solo pasaste páginas.
- Usar la misma velocidad para todo. Un contrato y una novela no se leen igual.
- Prohibirte releer. Volver atrás en una frase difícil es parte de comprender.
- Esperar resultados espectaculares en pocos días. La mejora real es gradual y viene de la práctica sostenida.
- Leer con el móvil al lado. Las interrupciones cuestan más tiempo que cualquier técnica puede ahorrarte.
- Olvidar el vocabulario. Si un tema te resulta lento, a menudo lo que falta es conocer mejor sus términos.
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- Un recorrido completo: por qué la velocidad no depende de la vista, qué son la subvocalización y las fijaciones oculares, cómo agrupar palabras y usar un guía visual para sostener un ritmo constante, cuándo conviene el skimming y el scanning, cómo no perder comprensión al acelerar, práctica con textos progresivamente más largos y densos, cómo medir tu velocidad real y llevar un registro, y una rutina semanal sostenible.
- Examen en cada clase para comprobar que lo aprendido se asentó antes de avanzar.
- Tutor con IA en cada módulo para resolver dudas y ampliar los temas.
- Comunidad de personas con intereses parecidos para compartir avances.
- Certificado al aprobar el examen final.
Para completar el trabajo, dos cursos encajan muy bien. Memoria sin Tercerizar el Cerebro trabaja la repetición espaciada, la práctica de recuperación y el papel del sueño para que retengas lo que lees. Y Foco Profundo te ayuda a diseñar tu entorno, proteger bloques de tiempo y recuperar la concentración después de una interrupción, justo lo que necesita una buena sesión de lectura.
Preguntas frecuentes sobre la lectura rápida
¿La lectura rápida funciona de verdad?
Funciona para hojear y localizar información, pero no para multiplicar la velocidad sin perder comprensión. La revisión de Rayner y colaboradores (2016) concluye que hay un intercambio entre velocidad y precisión y que es poco probable duplicar o triplicar la velocidad entendiendo igual.
¿Cuántas palabras por minuto lee una persona promedio?
Según el metaanálisis de Brysbaert (2019), con 190 estudios, un adulto lee en silencio en inglés unas 238 palabras por minuto en no ficción y 260 en ficción. La mayoría está entre 175 y 300 palabras por minuto en no ficción.
¿Cómo puedo leer más rápido sin perder comprensión?
Lee con un objetivo claro, ajusta la velocidad al tipo de texto, practica a diario, amplía tu vocabulario, reduce las interrupciones y comprueba al final qué recuerdas. Mide siempre velocidad y comprensión juntas.
¿Es malo releer una frase?
No. Un experimento de Schotter, Tran y Rayner (2014) mostró que impedir las relecturas empeora la comprensión. Volver atrás en una frase difícil forma parte natural de la lectura.
¿Sirven las aplicaciones que muestran una palabra cada vez?
La investigación invita a la prudencia: en el experimento de Schotter, Tran y Rayner (2014), impedir volver atrás, como ocurre con la presentación de una palabra cada vez, redujo la comprensión. Para textos importantes, la lectura normal sigue siendo la opción más segura.
¿En cuánto tiempo se nota la mejora?
Depende de tu punto de partida y de cuánto practiques. Con un plan como el de dos semanas puedes empezar a notar cambios en tu forma de leer y tener datos propios para comprobarlo, pero las mejoras de velocidad que respalda la evidencia son modestas y graduales.
Conclusión
La lectura rápida tiene una parte real y una parte de mito. Lo real: puedes ahorrar mucho tiempo si hojeas con criterio, eliges qué leer a fondo, lees sin interrupciones y practicas lo suficiente como para dominar el vocabulario de tu campo. Lo que es mito: que exista un truco visual para triplicar tu velocidad sin pagar un precio en comprensión. Como resumen Rayner y su equipo, la habilidad lingüística está en el corazón de la velocidad lectora. Empieza hoy midiendo tu punto de partida, sigue el plan de dos semanas y, si quieres hacerlo con práctica guiada, el curso de Lectura Veloz de Pulsión Digital te acompaña paso a paso.
Fuentes consultadas
- Rayner, K., Schotter, E. R., Masson, M. E. J., Potter, M. C. y Treiman, R. (2016). So Much to Read, So Little Time: How Do We Read, and Can Speed Reading Help? Psychological Science in the Public Interest, 17(1), 4-34.
- Association for Psychological Science (2016). Speed Reading Promises Are Too Good to Be True, Scientists Find.
- Association for Psychological Science. So Much to Read, So Little Time: How Do We Read, and Can Speed Reading Help? (resumen del informe).
- Brysbaert, M. (2019). How many words do we read per minute? A review and meta-analysis of reading rate. Journal of Memory and Language, 109.
- Schotter, E. R., Tran, R. y Rayner, K. (2014). Don’t Believe What You Read (Only Once): Comprehension Is Supported by Regressions During Reading. Psychological Science, 25(6), 1218-1226.
- Association for Psychological Science (2014). Speed-Reading Apps May Impair Reading Comprehension by Limiting Ability to Backtrack.
- Klimovich, M., Tiffin-Richards, S. P. y Richter, T. (2023). Does speed-reading training work, and if so, why? Journal of Research in Reading, 46(2), 123-142.
- Roediger, H. L. y Karpicke, J. D. (2006). Test-Enhanced Learning: Taking Memory Tests Improves Long-Term Retention. Psychological Science.